En el siglo XVII la metodología cambia y Manuel Ramírez de Camón utilizó la pedagogía oyente de su época para instruir a los niños sordos preparándoles para que se integraran en la sociedad oyente.
En la segunda mitad del siglo XVIII Lorenzo Hervás y Panduro afirmaba que los signos, como el habla, eran verdaderamente una manifestación posible de la lengua humana.
El último cuarto del siglo XX supuso la reivindicación de la lengua de signos española como el instrumento de comunicación propio de las personas sordas que optan libremente por el mismo. Numerosos encuentros nacionales e internacionales han debatito sobre la necesidad de su reconocimiento y uso para garantizar el acceso pleno a la educación, los servicios, la vida económica y cultural, los medios de comunicación y las nuevas tecnologías de la información.
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